La diosa monegasca, la musa de las mayorías, la elegancia personificada, la primogénita de los Grimaldi o simplemente, Carolina, princesa de Mónaco cumple hoy 65 años. No se exagera cuando se dice que Carolina es una leyenda. Su ya famoso nacimiento hizo de ella uno de los rostros más famosos de la historia social contemporánea. Sin duda alguna, pese a la gran fama que también tuvieron sus hermanos Alberto y Estefanía, Carolina es la más por antonomasia. Diez años después de abandonar el cargo de princesa de Mónaco, debido al tardío matrimonio de su hermano Alberto con Charlene, Carolina vuelve a ser la máxima representante del principado debido a la misteriosa y poco clara ausencia de su cuñada. Hoy, la princesa de Mónaco (aunque le pese a su hermanito, sí: Carolina es la máxima representación de su principado) cumple 65 años convertida en una de las grandes heroínas (por desgracia poco conocida como tal) europeas.
Nacida en enero de 1957 e hija de Rainiero III y Grace Kelly (después denominada Grace de Mónaco), Carolina optó durante ocho años a ser princesa de Mónaco hasta que su hermano Alberto, nacido el 1 de febrero de 1965, le arrebató todos los privilegios. Por la única y exclusiva razón de nacer varón. Aunque en ese momento, la Ley sálica imperaba en muchas de las monarquias europeas, hoy (por fortuna) ya no está vigente. Pero sí la cuestión tratada anteriormente. Mónaco, junto a España y Liechtenstein son las tres únicas monarquias (dos de ellas son principados) en las que un heredero varón prevalece sobre el hombre. Aunque muchos se empeñen en que esto no es sálico, atufa mucho (por no decir bastante) a principios sálicos. En definitiva, que Alberto arrebató a Carolina todos sus derechos de ser Princesa por el simple hecho de ser hombre. A partir de entonces, Carolina pasó a un segundo plano, porque todas las atenciones debían caer en Alberto, el heredero.
La rebeldía inundó a Carolina desde adolescente. Pese a que muchos se empeñaban en hacer de Carolina una mujer pulcra, correcta e hierática, ella era ya una insubordinada (me encanta esta palabra al hablar de rebeldía monárquica). A los dieciséis años decidió mostrar esa rebeldía cortándose el pelo, su melena propia de una señorita civilizada, con la que triunfó en el baile de la Cruz Roja de ese año (uno de los mayores eventos en el Principado). Fue entonces cuando todo cambió. A los diecisiete años, se mudó a París para estudiar Ciencias Políticas, carrera que no terminó y de la que era pésima estudiante. Fue salir del principado y liberarse. Carolina necesitaba librarse de los excesivos controles de su madre, Grace Kelly, que aunque viniese de un Hollywood libertario, era una de las más controladoras de la corte monegasca. Es más: Grace se mudó durante una temporada, de incognito, a Paris a vigilar qué hacía su hija.
Los grandes amoríos de Carolina, la princesa de corazones
Si hay algo que me vuelve loco de Carolina es su gran lista de amoríos. Generalmente, siempre los atribuimos a los hombres, mientras que los de las mujeres se ocultan porque "hay que proteger su imagen". De hecho, el caradura de Alberto, hermano de las princesas, dijo en una ocasión: "Mis hermanas debían haber sido más discretas ante sus salidas". En fin. Sin comentarios. Repasemos ahora el currículo sentimental de la primogénita de los Grimaldi. El primer romance de la primogénita de los Grimaldi fue Philipe Junnot, un playboy según definió la prensa de la época. En ese momento, tenía 35 años y, para rematar, no fue del gusto de sus padres. Incluso Rainiero y Grace intentaron que se enamorase de Carlos de Inglaterra (pobre Carolina). Pero la princesa, firme en sus ideas (aunque luego resultasen fallidas, pero suyas) amenazó a sus padres con quedarse a vivir con él, en Paris y en pecado, si no le concedían el beneplácito para casarse. La pareja contrajo matrimonio el 28 de junio de 1978, pero la alegría dura poco en casa del simpático (he cambiado el famoso refrán, porque los Grimaldi son una familia adinerada, entonces no queda bien). Él (qué raro) fue infiel en muchísimas ocasiones a la princesa de Mónaco y la pareja se rompió en 1980. Durante principios de los años 80, la princesa tuvo algún que otro romance amistoso con Roberto Rosellini (íntimo amigo de la familia) y con el tenista Guillermo Vilas.
Tras el fallecimiento de su madre, la eterna Grace Kelly, Carolina cayó en una profunda depresión. No obstante, en ese preciso momento apareció su segundo amor: el italiano Stefano Casiraghi. Como El Vaticano no concedió la nulidad matrimonial a la princesa de Mónaco, su segunda boda tuvo que celebrarse por lo civil el 29 de diciembre de 1983. Además, por primera vez Carolina tuvo descendencia. De su matrimonio con Casiraghi nacieron Andrea (1984), Carlota (1986) y Pierre (!987). Pero la fatalidad parece no pasar por alto a los Grimaldi y una nueva desgracia sacudió a la familia monegasca: Stefano Casiraghi falleció en octubre de 1990.
Otra profunda depresión sacudió a Carolina, que rota de dolor decidió aislarse en la localidad provenzal de Saint-Rémy. En 1992, Vicent Lindon, prestigioso y grandioso actor, llegó a la vida de la princesa, con la que mantuvo tres años de relación. Época en la que también decidió raparse el pelo por completo, mostrando una vez más, el espíritu rompedor que imperaba en su vida. Y apareció, hasta la fecha, la última pareja de la monegasca: Ernesto de Hannover. El marido de un buena amiga de la princesa de Mónaco se enamoró locamente de la princesa y decidió romper su matrimonio para comprometerse con Carolina. Lo hicieron el 23 de enero de 1999 (para que le hiciesen un descuento en la celebración: cumpleaños más boda) y seis meses después, nació la única hija del matrimonio: Alexandra. Ambos sabían que esa pareja no iba a durar, pero guardaron apariencias hasta el año 2009, fecha en la que decidieron separarse y no divorciarse.
Carolina vive ahora sin ningún tipo de miedo ni complejo. Ha vivido la vida que ha querido y no ha hecho daño a nadie. ¿Qué mal hay entonces? La princesa de Mónaco ha sufrido todo tipo de vejaciones e insultos por parte de la prensa por el simple hecho de no haber sido esposa de, consorte de, y princesa para. Carolina quería vivir la vida y y que ha tenido oportunidad: la ha vivido. Me parece una gran heroína, muy poco reconocida, además de una enorme referente de la aceptación del tiempo. Porque Carolina es la viva aceptación de la vida y la viva referencia de la mujer libertaria, a pesar de todas las exigencias para que fuese un paso por detrás de su padre y su hermano, Carolina siempre irá un un pisotón delante de Alberto. Y esto a él, le pesa. Lo sé, todo el mundo lo sabe.