En muchísimos debates, ya míticos, donde se discute sobre si monarquía o república, es curioso como muchos tertulianos progresistas alaban las monarquías del norte. Claro que, los colaboradores conservadores también sacan a relucir los reinados escandinavos para defender esta, nuestra institución. Lo cierto es que, aunque todas sean monarquías, nada tienen que ver. De hecho, con la crisis todavía existente de la Casa Real española, Felipe VI ha tomado como referencia la forma de gobernar de sus primos nórdicos, intentando ser igual de transparente que ellos. Teniendo en cuenta mi conocida idolatría por Margarita de Dinamarca, debería centrarme en Suecia (aunque discrepo bastante con algunos miembros de la familia real sueca, con el rey Carlos XIV Gustavo, mismamente). Pero su colindante, Noruega, sí me gusta. Es más, me encanta. De hecho, ambos países se separaron en 1905, cuando se les permitió formar una monarquía constitucional propia.
Hace dos meses, el parlamento votó sobre la continuidad de la monarquía Noruega
La historia del país es maravillosa y los miembros de la realeza que hoy día forman la familia Glücksburg (la casa reinante) forman uno de los linajes más interesantes del panorama real europeo. Pese a lo anticuado que parece un gobierno que se base en la realeza, los nórdicos parecen no querer que se instaure la república. Al menos es lo que opinan los políticos que ocupan el parlamento. Fue la ministra de Cultura, Annette Trettebersgstuen, quien propuso esta votación que, tan solo, obtuvo 35 votos positivos frente a los 134 apoyos del parlamento (generalmente, de la plana conservadora, todo hay que decirlo). Dice que "ama profundamente a la familia real, pero sus convicciones son republicanas". No obstante, me alaga ver que un país tiene también en cuenta las minorías, esas que a veces se olvidan o a las que no interesa prestar atención.
El futuro parece estar asegurado. Al menos, así lo ha manifestado la hija del heredero al trono. Ingrid Alexandra será la primera reina de Noruega desde que el reino se independizase a principios del siglo XIX. Ahora, reina su abuelo, el rey Harald V. Cierto es que el monarca lleva bastantes años delicado de salud y relega en muchas ocasiones, durante largos periodos de tiempo, en su hijo el príncipe Haakon. Precisamente, hablamos de la aceptación de la realeza en el pueblo noruego. Ahora goza de una buena cifra, pero no siempre fue así. De hecho, el gran declive de la Casa Real noruega se vivió en el año 2000, cuando el príncipe heredero anunció el compromiso con su ahora mujer, Mette-Marit. El pueblo noruego no vio con buenos ojos que su futura reina fuese una exdrogadicta que frecuentaba lugares no recomendables, estaba divorciada, tenía un hijo y había acudido a un programa de televisión en busca de novio (una versión nórdica de First Dates). Pero el futuro rey no hizo caso a nadie y contrajo matrimonio con la plebeya en agosto del 2001 (boda a la que el entonces príncipe Felipe llevó como acompañante a la también noruega Eva Sannum).
La sencillez de los noruegos: de la abuela modista a la nieta friegaplatos
