El otro día vi la nueva película que Netflix lleva anunciando toda la semana, a bombo y platillo. Amor de madre, que bien podría ser una de las últimas comedias de Fernando Colomo, cuenta la historia de un hijo, plantado el día de la boda, que debe cubrir la plaza de su atrevida novia por la de su madre. Protagonizada por un contenido Quim Gutiérrez y la desternillante Carmen Machi, he de decir que la vi contento. Aunque mi instinto de listillo lo preveía todo, me gustó el giro que da al final y me sorprendió (me ató más el desenlace que el comienzo y el desarrollo). Pero hoy no vengo a hacer una crítica de la película ni tampoco a hablaros sobre ella. Escribo porque hace bastante tiempo que tengo una cuenta pendiente con Carmen Machi, porque Carmen fue la actriz con la que descubrí esto. ¿Qué es esto exactamente? Pues el mundo del cine, la televisión y por supuesto, el teatro. Pero todo tiene una cronología que me va a encantar desgranar.
7 vidas y el inicio de mi particular star system
Como a ella le pasó con Elizabeth Taylor, yo la vi por primera vez y supe que mi futuro estaría girando alrededor de lo que ella, en ese momento, estaba haciendo. Aclararé que este instante se corresponde a una de las emisiones de la cómica serie 7 vidas, quizás mi primer gran referente seriefilo. Después llegó Aida. De esta ficción tengo recuerdos más sólidos, porque era más mayor y porque la he visto hasta la saciedad. Además de saberme algunos diálogos de memoria o de parodiar la serie en un cortometraje para clase (¿os acordáis?), confesaré una cosa. No soy de llorar. Al contrario que familiares y amigos cercanos, que acostumbran a derramar lagrimas cuando ven una película o un instante emotivo, yo soy bastante seco u objetivo (vedlo como queráis). Pero sí he llorado con un capitulo de Aida, precisamente, en el episodio en el que el personaje de Carmen Machi y abandonaba la serie, emulando un arresto por asesinato a su yerno.
Me fasciné por la Machi. Me empapé de todo lo que hacía porque me encantaba y quería saber todo lo que hacía. Además, a raíz de su marcha de Aida fue cuando empezó a moverse en diferentes proyectos. De hecho, ahora viene la anécdota por la que he titulado a este artículo así. Mi colegio organizaba, creo que de manera habitual, encuentros entre sus alumnos y célebres futbolistas (en mi caso, futbolistas de la Real Sociedad). Todo el mundo que me conoce sabe que a mi el futbol nunca me ha gustado (me encantaría que me gustase, pero todo en esta vida no se puede). No recuerdo exactamente el día ni la hora, ni mucho menos los asistentes ese día, pero escasas horas antes del gran evento, la madre de una compañera mía me preguntó: "Oye Iker, ¿vas a venir a ver a los de la Real?" Yo, segurísimo de mi mismo y con el alma más inocente que se pueda tener con escasos nueve años, le respondí: "No. Yo esperaré a que venga Carmen Machi". Se rio y su carcajada provocó la risa de alguna madre más que puso la oreja a mi respuesta. Con los años y según escribo esto, me hago la misma suposición que el titulo de este artículo: Ojalá Carmen Machi hubiese sido futbolista.
Firma desde la distancia y mi primera vez en el cine
Pero gracias a los comerciantes guipuzcoanos, que a mediados de los cincuenta buscaban alargar el verano, hoy tenemos el Festival de San Sebastián. Gran invento que yo no tardé demasiado tiempo en descubrir (pero esto da para otro artículo). La cosa es que, no recuerdo cómo, me enteré de que Carmen Machi venía a Donostia a presentar la introspectiva película La mujer del piano. Yo no podía ir, tenía colegio y coincidía con una jornada entre semana. Se lo dije a mi tía, siempre dispuesta a complacerme, que, por favor, rondase por la zona central de su ciudad para ver si le veía y le pedía un autógrafo. Inocente de mí, pensaba que eso era moco de pavo (años más tarde, comprobé que no). A los días, mi tía apareció con una foto preciosa de la película promocional y unas líneas en tinta roja: Para Iker, con cariño. Carmen Machi. Hoy, esa foto reside en mi cuarto, enmarcada, por supuesto.
La cosa siguió. Carmen Machi comenzó a ser una más de la familia. De hecho, a ella le debo el descubrimiento de el mero hecho de ir al cine. Fijaos lo que supone para un niño el ir a ver una película de adultos. Eso te hace ser importante y te hace ser la persona más culta del mundo, porque con 9 años te pones a ver cine que no es de dibujitos, ni de Disney ni nada por el estilo. Pedí a mi madre ir a ver Pájaros de papel, la cinta española que dirigió Emilio Aragón, donde sobresalían Lluis Homar e Imanol Arias, y donde, por supuesto, salía Carmen Machi. No entendí nada. Estaba ambientada en la guerra civil y narraba la vida de unos artistas impedidos laboral y sentimentalmente. Mi madre me dijo que como eran cosas de mayores, no se iba a poner a explicarme. Fui solo porque salía ella. Con el tiempo, la volví a ver. De nuevo, me gustó, quizás porque ahora la asocio a esa primera vez.
Todas las veces que he coincidido con ella
Ahora todo esto se queda en una mera fascinación juvenil, porque aunque sigo admirando muchísimo a la Machi (es una de las mejores actrices de este país), ya nada es lo mismo. He coincidido con ella en tantas ocasiones que ya se ha vuelto accesible. Le sigo teniendo muchísimo aprecio y admiración, pero cuando eres niño piensas que nada de lo que ves en la tele es accesible para un chico que juega con plastilina. Ahora me muevo en ese terreno. Me he movido durante muchos años y Carmen Machi ha sido una asidua al Festival de San Sebastián, por lo que las ocasiones en las que le he podido saludar han sido múltiples.
Ahora, como siempre he sido de soñar y ponerme objetivos altos, me encantaría entrevistarla. Contarle esta anécdota o mandarle el enlace de este blog. Porque, no hay nada más bonito que empezar una entrevista con esas minucias que, durante la conversación, se convierten en grandezas.
