No hay actividad más libertaria que la lectura. Siempre lo digo y siempre lo diré, pero al margen de este inicio poético, hoy no quiero hablar del hábito de la lectura, sino de un libro en concreto. No acostumbro a leer las sinopsis de los libros que voy a leer ni tampoco a escribir sobre todo lo que leo (leo muchísimo y sería imposible, aunque debería). Yo soy de los que se dejan llevar por el título, por el autor y por la portada, en conjunto. Como quien no quiere la cosa, elegí Todas las horas del día de Clara Fuertes. No me sonaba de haberlo escuchado en ningún medio, ni en ninguna red. Tampoco había oído hablar de la autora. La portada me gustó y una mujer escribiendo, al borde de un ventanal me llamó la atención. Haciendo alusión a la Muchacha en la ventana de Salvador Dalí (que, por cierto, vi en el Reina Sofía hace poco), ya que ese tipo de postura y la imagen en sí me encanta y logró que lo comprase.
A todo esto hay que sumarle mi modo de leer libros: leo muchos libros a la vez. Algunos los llevo en el ebook, otros los tengo en físico, otros en la tablet. Abres mis dispositivos digitales y solo encontrarás libros. En mi mesilla están los que tengo en físico. Siempre empiezo los libros en la cama y si me gustan, ya los desplazo porque me atraen, me gustan y los quiero seguir leyendo. Me pasó con esté. Lo empecé, lo leí, lo seguí y, prácticamente, no lo pude soltar hasta que lo terminé (que fue el mismo día que lo empecé). Uní la contraportada con la portada, es decir, cerré el libro y me di cuenta que este libro no cuenta una historia al uso, sino que cuenta la historia y, en concreto, cuenta la mía. Exacto. Esta novela es mi vida, al menos parte de ella. Es una novela tan magistral, tan brillante, tan sumamente estupenda...
El argumento. ¿De qué va?
Un joven periodista, de veintiséis años, se encarga de entrevistar a una leyenda de la interpretación (lógicamente, bastante mayor que él). Acude a hacerle la entrevista y surge tal química entre ellos que deciden pasar las navidades juntos y... (como diría la gran Mayra Gómez Kamp) Hasta aquí puedo leer. Lo que sí podemos decir es que la leyenda de la interpretación no es otra que la genial María Casares (que este año, por cierto, se cumple el centenario de su nacimiento). Si soy honesto, he diré que el nombre de María Casares ya lo conocía. Cuando entrevisté a la estupenda Tina Sáinz, me contó que en septiembre volvería a Galicia para participar en el homenaje de su centenario. Por lo tanto, sabía de ella, pero no la conocía.
No quiero (ni debo) contar mucho
Según escribo este texto, tengo una doble moral que no se si se corresponde con el seguir escribiendo, porque, por un lado, os lo contaría todo sobre el libro, pero, por otro, me gustaría tanto que lo leyeseis. A medida que va pasando el tiempo, supongo que por cuestiones azarosas de la vida, ahora me empiezan a aparecer, todo el rato, artículos sobre María Casares, otros escritos de la autora, Clara Fuertes, de la que, por cierto, me encantaría seguir leyendo textos y un largo etcétera. No exagero si digo que este libro me ha cambiado la vida, porque encontrar una lectura con la que encajes en todo, con la que te entiendas en todos los elementos que la forman e incluso con la mirada de la autora es tan difícil, pero Clara Fuertes lo ha conseguido. No solo que me guste y que disfrute la lectura, sino que calé en mi vida y no me olvide de él.
En definitiva, Todas las horas del día es un libro que quedará no solo en mi memoria, sino también en mi estantería (me estoy pensando el taladrar el libro a la balda). Cómo no despedirme con mis queridos juegos de palabras y deciros que paséis todas las horas del día leyendo esta genialidad, que se lee muy fácil y perdura para bastante tiempo en vuestra memoria. Desde aquí, gracias Clara (y a la editorial) por dar voz a este tipo de historias, no típicas, pero si reales.
