En una ocasión anterior, creo haber comentado que la monarquía más feminista era la holandesa. Bueno, pues rectificó. Incluyo también a la inglesa. Los Windsor, liderados por Isabel II, también se unen a la lista, aunque con muchísimos matices. Todavía hoy, Isabel II tiene aún que soportar sonoros y mediáticos escándalos reales, provenientes en su gran mayoría de los parásitos hombres que la rodean. La Reina ha tenido que soportar detrás (literalmente) ha todo un séquito de nefastos miembros reales que han hecho la vida de la soberana, un poquito menos agradable. Salvo el príncipe Guillermo, que como es el futuro Rey, debe mantener su imagen pública impoluta y Eduardo, el hijo más discreto de la Reina; el resto es para hacer un monumento. Atención.
Felipe de Edimburgo: gran consorte y peor marido
Ya hablé sobre Felipe en anteriores artículos (incluso escribí uno sobre él el día que falleció). El duque de Edimburgo fue un gran consorte. A regañadientes, pero lo fue. A diferencia de otros consortes varones europeos, el griego (después inglés) siempre se caracterizó por salvaguardar todos sus escándalos bajo los resistentes muros del palacio de Buckingham. Siempre tres pasos por detrás de su mujer, Isabel II (así lo dicta el protocolo británico) Felipe cumplió con su función. Ahora bien, el duque de Edimburgo nunca se caracterizó por su amabilidad, ni por su compromiso sentimental. La Reina ha tenido que sacarle las castañas del fuego en más de una ocasión. Me sorprende que siempre que se aluda a infieles reales nunca se nombre al fallecido marido de la Reina, cuando ha sido uno de los más practicantes de las monarquias europeas. Aficionado desde bien joven, y recién casado con la Reina, a la fiesta nocturna y aficiones de tres rombos; el duque de Edimburgo nunca se cortó en relacionarse con otras mujeres. En su currículo sentimental destacan diversas amantes. Desde actrices a escritoras, pasando por una novia de su hijo Eduardo o la madre de Sarah Ferguson. Con respecto a su supuesta vida en pecado, la Reina siempre ha dicho que "ella pidió a su marido no le pedía fidelidad sino lealtad". Además de su faceta sentimental, el duque también ha sido un impertinente de manual, faltando al respeto tanto al servicio real, como a los periodistas, entre los que no gozaba de ninguna buena fama.
Carlos, el monstruo ahora disfrazado
Carlos de Inglaterra, príncipe de Gales. Para mí, una de las personas más peligrosas del siglo XX (en el XXI, se ha calmado bastante). El gran artífice de toda la gran polémica que atizó a la familia real. La revolución no vino cuando apareció Diana, sino cuando Carlos jugó sucio, y muy sucio con su mujer. Se casó mintiendo a una joven e inocente Diana, que aún creía en los cuentos de hadas y en el amor terrenal que su fiel esposo le iba a tener. Desde entonces, tanto la Casa real como la propia Reina han hecho todo lo posible por mejorar la imagen de Carlos, que desde su historia con Diana su imagen era pésima. Los esfuerzos de los Windsor han sido gigantescos. Pese a que el principito de Gales (que demuestra seguir siendo igual de interesado que antes) no va a cambiar, sí me alegro y me gusta la figura actual de su mujer, la otra aquel entonces, Camila Parker Bowels. Como futura consorte, Camila está desempeñando uno de los papeles más interesantes que tiene actualmente la casa Windsor. Está fielmente comprometida con mujeres maltratadas, con abusos, con el machismo, con el trabajo precario y un largo etcétera de cuestiones que parecen solo interesarle a Camila.
Andrés, a pesar de ser el favorito, de lo peor de su circulo
El hijo favorito de la Reina es ahora el repudiado de la familia. Repudiado en el mal sentido de la palabra, porque el segundo principito ha sido demandado (ahora a la espera de la celebración del juicio, que por cierto, desestimó en más de cuarenta ocasiones) por presuntos abusos sexuales a una menor. Ante la gran polémica, y las escasas semanas de la gran celebración de los 70 años de reinado de su madre, la Reina le quitó los títulos, tratamientos y compensaciones reales. Esto me sorprende especialmente, porque demuestra un coraje patriótico improbable cuando se habla de un hijo. Pero eso ya da para otro artículo. Nos quedamos con que es un parásito arbitrario.
Enrique, el nietisimo que le pide dinero a su abuela
Mi favorito. Enrique de Inglaterra (Henry para los británicos), esposo ahora de Meghan Markle y retirado voluntariamente de la familia real y de todos los cargos asignados, vive ahora en Canadá. Lo que más admiro de este chico es la jeta que puede uno llegar a tener. He de decir que yo con el tema de Harry y Meghan (no solo de Meghan, ni el "Megxit") fui bastante neutro. De hecho, escribí un artículo en su día, en medio de toda la polémica. Entendía a Meghan en muchas cosas y de hecho, compartía sus reivindicaciones, pero con muchas pinzas. No obstante, lo más cachondo de todo todavía no había ocurrido. Harry, cada vez que vuelve al Reino Unido exige a su abuela seguridad nacional, es decir, pagada por presupuestos públicos, además de algún privilegio más. Recuerdo que pidió una asignación mensual a la corona británica por vivir en Canadá y de hecho, quería seguridad británica en su mansión canadiense. Como podréis imaginar, la Reina (que de tonta no tiene un pelo) se la negó. Manda narices que el niño (con un pastizal en su cuenta corriente proveniente de la herencia de su madre) pida dinero público para él, cuando ha renunciado a ser miembro activo de la familia real. La Reina, seguro, le habrá dicho: si no hay compromiso, no hay dinero. Un parásito en toda regla.