Cuando uno se plantea hablar sobre Lola Flores, se pregunta qué puede escribir que no se haya escrito ya. Parece que todo lo relacionado con ella ya está dicho. Así que, me gustaría aprovechar estos artículos para que reflexionemos (incluyo a mi público) sobre el fenómeno de Lola Flores, tan extendido en la actualidad. Muestra de ello es la nueva docu-serie (formato tan de moda ahora) que estrenaba estos días Movistar+ Lola, en la que, entre otros artistas, participan sus hijas Lolita y Rosario. A eso debemos sumarle el último libro que se ha escrito sobre ella: Lola Flores: el arte de vivir del dibujante Sete González y el sonado anuncio de la marca Cruzcampo Con mucho acento, que fue uno de los últimos alicientes para remover este debate sobre el grandioso fenómeno de la Faraona. Para ello, voy a dividir a Lola en dos partes.
La gente que lea estos dos artículos, seguro que estará de acuerdo conmigo en que Lola Flores fue toda una adelantada a su tiempo. Precursora y defensora de muchos temas comprometidos y tabúes para la época y lo mejor de todo, es que seguramente lo haría con de forma inconsciente, quiero decir, sin saber lo que eso suponia. Al hilo de esto, me pregunto en muchas ocasiones qué hubiese hecho Lola Flores si hubiese conocido Instagram, Twitter o Tiktok. La Faraona, hablando mal y pronto, lo hubiese "petaó". Generalizando, creo que todas las folclóricas tenían un enorme poder de persuasión y estoy seguro de que todas hubiesen llegado a ser cotizadas influencers. En fin, reflexiones aparte y volviendo al tema, la precursora y la gran valiente de la época fue la Lola en sus inicios en el mundo del artisteo. Nacida en el Jerez de la Frontera de los años 20, Lola, Lolita en sus inicios, apuntaba maneras desde bien pequeña. Se subía la barra de la taberna que regentaba su padre para bailar. Vivió de Jerez a Sevilla y de Sevilla a Madrid, en busca de trabajo. Tenía la convicción de que iba a triunfar, iba a ser artista y de que no quería ser ama de casa ni quería ser una más de las esposas nacional católicas que en ese momento (por desgracia) habían sido impuestas. Lola Flores no aceptaba eso e hizo todo lo posible para dedicarse a lo que ella quiso. Para eso, convenció a su familia, que no dudó en cerrar la taberna para hacer que su hija triunfase. Se estrenó en 1939 en el teatro Villamarta de Jerez. Un productor apareció por allí en busca de un joven talento. Hizo a Lola leer un fragmento de Morena clara (película de su adorada Imperio Argentina, que tiempo después ella versionaría) y le contrató. Se la llevó para Madrid. Ese mismo año, la Lola participaría en su primera película Martingala. Algo inusual en una debutante a artista.
Recién llegada a la capital, acudió a la academia del maestro Quiroga, que le consiguió un par de espectáculos como telonera. En 1943, comienza un espectáculo, Zambra, con Manolo Caracol. Dicho espectáculo será decisivo: por un lado, su carrera tomará un camino lleno de éxitos, donde, entre otros, estrenará su hit La zarzamora, una canción muy valiente, puesto que trata ligeramente el tema de la prostitución. Por otro lado, su vida personal: su relación con Manolo Caracol. Un enorme artista, pero una nefasta persona. Él casado y ella solera, la pareja estuvo unida durante años, profesional y personalmente hasta que Lola, entre amenazas porque según ha contado la propia Lola él le agredía, decidió cortar la relación: "Yo puedo emprender mi camino sola" le dijo en una conversación bastante tensa. Por cierto, juntos, entre otras muchas, rodaron Embrujo en 1947, una película en la que compartieron reparto con otra gran pareja (una de mis favoritas), que en ese momento eran recién casados: Fernando Fernán Gómez y María Dolores Pradera.
La década de los 50, además de ser el punto de inflexión en la construcción del mito; supuso su asentamiento sentimental, pues contrajo matrimonio, por cierto, ya embarazada de su primera hija. Respecto al primer punto, Lola Flores vivía su momento más álgido, laboralmente hablando. En 1951, firmó el contrato más alto de la época (6 millones de pesetas) por cinco películas, tres años de actuaciones y una gira por América. Me encanta decir que se marcó un Elizabeth Taylor, ya que ella también firmó hacer Cleopatra por un millón de dólares (lógicamente, el valor de la peseta no era el mismo que el dólar ni tampoco era la misma época). De esa andanza americana destacan películas como ¡Ay pena, penita, pena!, en donde sonaba la famosa canción; o Lola Torbellino. En 1955, protagoniza La Faraona, película de poca calidad, pero que gozó de gran fama. De ahí vino su famoso y sonado mote.
Con respecto a su vida personal, Lola se casó el 27 de octubre de 1957, en El Escorial, con Antonio González, "El Pescailla". Es curioso mencionar que lo hicieron a las 6 de la mañana, puesto que el novio, Antonio González, "huía" de Dolores Amaya, sobrina de la bailaora Remedios Amaya. Con ella tuvo una hija y la familia de ésta le obligaban a casarse. Pero, el corazón de Antonio pertenecía a la Faraona, de la que, por cierto, nunca se separaría. De esta pareja nacieron sus tres famosos hijos: Lolita, Antonio y Rosario. Los tres, por cuestión genética o fortuita, heredaron cualidades artísticas y acabaron siendo compañeros de trabajo de sus respectivos padres. Los tres, como sabemos todos, han labrado una exitosa carrera artística. Lolita, además de cantante (fantástica por cierto, sobre todo cantando boleros) también ha hecho carrera como actriz y últimamente, muy ligada al teatro. Uno de los múltiples reconocimientos de la primogénita de los Flores fue el Goya a Mejor Actriz Revelación, en el año 2003, por Rencor. Antonio Flores consiguió enorme prestigio en la música española, convirtiéndose tanto en compositor como en autor. Algunas de sus canciones, además de haber sido interpretadas por él mismo, también son algunos de los temas más exitosos de sus hermanas. En cuanto a Rosario, la pequeña del clan, es uno de los nombres esenciales de la industria contemporánea. Sus comienzos en la década de los 90, auguraron gran futuro a la que empezó como "Rosarillo", para ahora convertirse en Rosario Flores. Por cierto (y con esto termino esta primera parte), Rosario Flores "prohibió" acudir a su estreno como cantante, es decir, a su primer concierto; a su madre, Lola Flores, puesto que si acudía la Faraona, eclipsaría todos los titulares.