Últimamente, mis domingos se han convertido en auténticos festines musicales. Hace escasas semanas, tal y como escribí en este blog, pude disfrutar del magnifico recital de Amaral y ayer pude despedirme (no directamente) de uno de los grandes genios de la música española: José Luis Perales. El conquense aterrizó en Donostia para dar el último recital de su carrera en la capital donostiarra y presentar el último disco que editó hace más de dos años. Un disco repleto de éxitos versionados y adaptados a los nuevos tiempos. José Luis Perales, nacido en Cuenca el 18 de enero de 1945, es uno de los cantautores más exitosos del panorama hispano. Con más de 510 canciones registradas y más de 55 millones de discos vendidos, José Luis Perales lleva más de 45 años en la música: primero como compositor, como autor y después como cantante. Por insistencia de la industria, Perales se vio obligado a cantar sus propias canciones, algo que a él le horrorizaba. No obstante, ha conseguido ser uno de los nombres esenciales de los escenarios españoles que considera oportuno, a día de hoy, retirarse.
Con respecto al concierto en sí, me parece que es un evento histórico para todo aquel amante de la música, en concreto la española. Ver a José Luis Perales, uno de los "padres" de la nueva generación romántica de cantautotes que se inició en los tímidos años 70, es mágico a la par que emocionante. Una cosa que me sorprendió del concierto, y que no suele ser habitual en recitales, es que todas y cada una de las canciones (nos gusten más o menos) eran conocidas. Es decir, cada uno de nosotros era capaz de tararear o cantar al menos medio minuto de la cada melodía. Por otro lado, además del gran repertorio (del que hablaré más tarde), la puesta en escena me pareció muy adecuada a la par que sencilla: al fondo, una pantalla con imágenes típicas y los músicos, la banda, al fondo y a modo de hilera, se mantuvieron en todo momento en un segundo plano y que solo Perales dio protagonismo al final del concierto.
El repertorio me encantó, posiblemente, algo de lo más emocionante. Como ya he mencionado anteriormente, es muy complicado acudir a un concierto y saberte todas y cada una de las canciones que se presentan. Eso es señal del magnetismo y el éxito del cantante. Incluía temas muy conocidos y además, mencionaba todas las canciones que diversos famosos artistas han hecho conocidas. Temas "de" Rocío Jurado, Jeanette, Isabel Pantoja o Mocedades han sido versionados por el propio José Luis Perales que en su día, cedió a estos y a más artistas, varias canciones suyas (recordemos que a Isabel Pantoja le compuso un disco entero, su famoso álbum Marinero de luces). Resulta emocionante escuchar a Perales cantar canciones como Un velero llamado libertad, Y cómo es él, Por ti, Te quiero o Me llamas, con todo el público gritando y cantando mientras llora o tararea con los pelos de punta. Y cómo no, debemos mencionar la calidad del propio Perales. El cantautor conserva su calidad vocal, su técnica y su oído. Cualidades que, por otro lado, el conquense siempre ha conservado. No obstante (para que no parezca que soy subjetivo) es cierto que José Luis Perales nunca ha tenido una gran voz y había instantes, en los que el cantante se dejaba vencer por la gran banda que le acompañaba, que versionaron sus clásicos hits y los convertían en pop, funk o rock. Además, el cantautor se mostraba cercano y emocionado cuando hablaba de su despido, aunque en más de una ocasión, el propio Perales reiteró entre risas: "No os vais a librar de mí".
En mi caso, es curioso porque es la primera y última vez que he visto a José Luis Perales en directo. Una noche emocionante, agradable, llena de éxitos y respaldada (en Donostia al menos) por las mil ochocientas personas que anoche asistimos a la despedida del grande, del cantautor del siglo: José Luís Perales.